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Con la
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Si estás pensando en tirar el gato por la ventana (Alejandro Gómez Yepes)
Si te encuentras en tal disposición, creo que te interesarán estos datos
(y si no, probablemente también; por aquello de adquirir culturilla general…
que nunca viene mal).
Uno podría pensar que el daño que el
animal sufriría tras nuestra no menos animal acción se incrementaría a medida
que aumentase la altura desde la que lo arrojásemos.
Si pretendemos causarle pocas lesiones,
seguramente optaríamos por el primer piso. Y a medida que deseásemos mayores
perjuicios para el ser en cuestión, iríamos subiendo plantas.
En caso de que el edificio no fuera lo
suficientemente alto como para alcanzar el fin que deseamos, podríamos
considerar intentarlo desde un vehículo aéreo. ¿Qué te parecen 3000 metros?
¿6000, tal vez?
La realidad es que resultaría un gasto
de combustible totalmente inútil. Sufrirá el mismo daño desde 3000 metros que
desde 6000. Es más, incluso no habría diferencias con respecto a una caída
desde un séptimo piso (a menos que padezca un infarto por la impresión).
Y si el punto de partida fuese la
ventana del quinto piso, la caída le perjudicaría más que si cayera de una
altura de 6 Km.
Analicémoslo con más detalle. Por el
hecho de estar en el aire, en principio la única fuerza que actúa sobre el
animal es el peso, es decir, p=m*g.
Donde:
p=peso
m=masa
(en Kilogramos)
g=gravedad
(9,8 m/s^2)
La gravedad disminuye a medida que nos
alejamos de la superficie terrestre, sin embargo no nos alejamos lo suficiente
como para que haya cambios considerables en su valor.
Como m y g son invariantes, p también lo será. Si esta fuera la
única fuerza que actúa sobre el gato, y lo lanzamos desde 6000 metros de
altura, alcanzaría el suelo a nada menos que 1234,5 km/h
(en torno a la velocidad del sonido). En cambio, para una quinta planta, nos
deberíamos conformar con un impacto a 96 Km/h. ¿Dónde
está el error, si acabamos de decir que los daños sufridos en el segundo
supuesto serían mayores?
Simplemente,
nos falta por considerar un factor que normalmente se desprecia en los
problemas de física, pero que en este caso adopta un papel fundamental: la fuerza
que ejerce el aire (no olvidemos que también es materia) en sentido ascendente
sobre su cuerpo, es decir, contrarrestando el peso.
La clave está en que al no sentir ya
aceleración alguna, el ingenuo animal se relaja, de manera que ahora deja de
estar encogido, y la superficie de contacto con el aire es mayor que antes.
Como consecuencia, el aire ahora ejerce una mayor fuerza hacia arriba, y esto
provoca que la velocidad baje hasta un nuevo valor, llamado velocidad límite. Permanecerá cayendo a
esa rapidez por mucho tiempo que pase,ya que la
resistencia de la atmósfera y el peso se han equilibrado.
Al caer desde la quinta planta, no tendría suficiente tiempo como para
adoptar la postura más relajada y decelerarse hasta la menor velocidad límite,
por lo que los daños son mayores. Sin embargo, a partir de una determinada
distancia, la velocidad con la que llegará a la superficie será independiente
de la altura inicial, y bastante menor que en el otro supuesto.
Nota: www.jovenesquepiensan.com ni
ninguno de sus responsables se hace cargo de daños que los lectores puedan
causar a sus mascotas (o las de sus vecinos) tras leer este artículo.
Enlaces: http://historias_de_la_ciencia.blocat.com/post/1052/33665
http://www.mascotanet.com/gatos/historico/001207_g_maroma_2.htm
http://ciencianet.com/vlimite.html
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