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Muchos de nosotros tuvimos nuestro primer contacto con esta
historia supuestamente verídica en el colegio, durante el transcurso de
aquellas inolvidables (ya sea por unos motivos o por otros…) clases de física
y/o química. Lo cierto es que está realmente extendida. Basta una simple búsqueda
en Google para comprobarlo.
Pero,
¿sucedió realmente?. Los datos parecen indicar la dirección opuesta: Bohr estudió en Copenhague mientras Rutherford
se encontraba en Manchester… Además, esta misma historia se ha publicado en
multitud de publicaciones de prestigio con diferentes variantes (cambiando los
personajes por otros diferentes, como respuestas a exámenes reales, como un
simple chiste...). Incluso, se dice que el director de la Casa de las Ciencias de A Coruña lo contaba como una anécdota
personal, en la revista Muy Interesante, en la que él habría sido el estudiante.
Si
es falsa, nos encontraríamos de nuevo con una moraleja como la del caso de la foto del Tsunami. Pero, lo cierto es que, independientemente de su veracidad,
el mensaje que se nos pretende transmitir es igualmente válido y loable: la importancia
que tiene en la formación aprender a pensar.
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