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Con la colaboración de

 

 

 

 

Música de cine (Alejandro Gómez Yepes)

 

I.-INTRODUCCIÓN

Podemos escuchar un fragmento de la banda sonora de Merlin, de Trevor Jones, aquí. Esta pieza nos habla de tiempos pasados, no sólo porque pretenda ambientarnos en una era más o menos medieval, sino porque posee una armonía tonal poco habitual en la música orquestral compuesta hoy en día. Mientras que , en general, en la música clásica actual predomina lo atonal y disonante, en el género de la música orquestral para cine aún se conserva un componente esencialmente melódico, procedente de la música clásica precontemporánea, que convive también con rasgos más modernistas. De esta forma, podemos encontrar rasgos muy marcados del romanticismo, así como una clara inspiración renacentista en temas como el de flauta de “El prisionero de Azkaban”; pero también experimentación, como la llevada a cabo por Howard Shore en “ExistenZ”, para la que invirtió el orden de colocación de los instrumentos de la orquesta para lograr una textura surreal, de acuerdo con la temática virtual de la película; o por Elliot Goldenthal para las persecuciones finales de “Alien 3", logrando simular el sonido de patas corriendo mediante choques entre placas de metal y otros instrumentos.

Podría decirse, que hoy en día el arte se entiende fundamentalmente como una expresión de la interioridad del artista. Pero esto no ha sido siempre así. Tradicionalmente, el término “expresión” en el arte hacía referencia a la expresión de las emociones de las figuras de una representación dramática. Ya los grandes filósofos griegos reflexionaban sobre los efectos de la música sobre las emociones del oyente. Y en cierta manera, podríamos decir que ese concepto clásico de expresión artística se ha retomado en las bandas sonoras.

Tras un bache en la segunda mitad de los sesenta y primeros años setenta, llegó una nueva época que sería conocida como La edad de plata de la música de cine, cuyo principal impulsor responde al nombre de John Williams. Su partitura de 1977 para “La guerra de las galaxias” relanza la banda sonora entendida a la manera clásica, con un lenguaje cercano al romanticismo del S.XIX. Renunciando a nuevas tendencias de música electrónica, y optando por música totalmente orquestal. Después de centenares de bandas sonoras con baladas pop o canciones rock, o con sólo un piano y un par de instrumentos, o música creada por un sintetizador, esto supondría el retorno del gran sonido sinfónico al cine.

Este fenómeno dejó una huella importante en muchos jóvenes compositores, cuyas obras se extienden hasta nuestros días.

Aún ahora siguen incorporándose nuevos autores, cuyas primeras obras son bastante prometedoras. Son ejemplos de esta tendencia Michael Giacchino con “Los Íncreibles”; o Edward Shearmur con “Sky Captain y el mundo del mañana”.

Antes de profundizar en el tema, conviene diferenciar entre canciones (es decir, piezas musicales que son cantadas por algún intérprete), y la parte instrumental original compuesta expresamente para la película. Para referirnos a esta última en inglés existe el término “score”, y es en lo que me voy a centrar únicamente en esta exposición. Exposición en la que usaré como principales ejemplos dos series de películas como son “El señor de los anillos” y “La guerra de las galaxias”. No porque sean mejores o peores, sino porque pienso que están bastante arraigadas en la cultura popular y seguramente el lector estará familiarizado con los nombres que mencionaré.

 

II- LAS BANDAS SONORAS COMO GÉNERO MUSICAL

En primer lugar, lo que distingue a este género de cualquier otro, es, claramente, su carácter funcional. Mientras que las bandas sonoras originales tienen una función claramente definida, la gran mayoría de los demás géneros tienen un gran componente comercial, a través de las ventas de discos, conciertos, etc. Sin embargo, la eficiencia de las bandas sonoras no se mide por los discos que venden, sino por el cumplimiento de su cometido en sus respectivas películas.

Y esto no es una opinión subjetiva, sino que es un hecho. De los miles de películas que se estrenan anualmente, son una minoría aquellas de las que se saca al mercado su “score” en forma de discos. Mas aún: una gran parte de los cds que llevan la etiqueta de bandas sonoras, lo que contienen no es la parte instrumental compuesta originalmente para la película, sino canciones (es decir, cantadas por algún intérprete). Y estas, en muchos casos, ni tan siquieran aparecen en la película, sino que se sacan a la venta con el nombre de la película como excusa para vender más.

Muchas de las mejores bandas sonoras que han dado algunos de los compositores mas significativos, nunca han sido sacadas al mercado. Tenemos, por ejemplo, el caso de la primera parte de “Regreso al futuro”, o “Volando libre”. Sin embargo, muchas veces aparecen CDs que llevan la etiqueta de promocionales, con el “score” de estas películas, y de los cuales no está permitida su venta, pero si su distribución gratuita en ciertos sectores. Esto se hace con la única intención de dar a conocer esta música, sin pedir nada a cambio.

Por otra parte, de las pocas que llegan a editarse, muchas no constituyen una representación fiel de todo lo compuesto. Cojamos el caso de “El señor de los anillos”, películas para las que se grabó alrededor de 12 horas de música, y que en los CDs que se venden se ven reducidas a apenas tres horas y media. Y es que, en aquellos casos en los que se decide sacar a la venta el “score”, la selección de la música que finalmente aparecerá en el CD es un factor muy importante, que en muchos casos se descuida enormemente. Por ello, para los aficcionados, resulta indispensable disponer de amplia información sobre las distintas ediciones de un mismo “score” para decidir adecuadamente en un mercado tan maltratado. Esto, en gran medida, está resuelto en Webs como a las que aquí se hace referencia.

 

III.-EL LENGUAJE DE LA MÚSICA DE CINE

Howard Shore dirigiendo El Señor de los Anillos

 

Las bandas sonoras se trata, en general, de un género infravalorado. Incluso algunos compositores, han manifestado su aversión hacia este afirmando que limita su capacidad creativa, que se sienten subordinados a las imágenes.

La afirmación de que limita la capacidad creativa, sería similar, salvando las distancias, a decir que Miguel Ángel vió menguadas sus posibilidades al pintar la Capilla Sixtina al tener que ceñirse a la forma y dimensiones de sus techos. Por sentido común, uno se da cuenta de que no sólo esto no es verdad, sino que además son precisamente esos techos y sus formas lo que permitió a Miguel Ángel desarrollar su creatividad, y lo que hacen que  su obra sea considerada como algo artísticamente memorable. Es decir, las esquinas y curvas no restan calidad a su creación, sino que el autor las incorpora a su obra tomando decisiones que de otra forma no podría haber tomado. Lo que aparentemente son limitaciones, en realidad fomentan el ejercicio de la libertad. En nuestro caso, de la libertad creativa.

La dirección que toma el compositor al componer para una película no viene determinada inherentemente por las características de la película. Por poner un ejemplo, cuando un músico se enfrenta a una película de terror, puede optar por algo que a priori parece más sencillo, como es abusar de la orquesta asustanto a la audiencia a base de “golpes” o “explosiones” atonales (lo cual, por otro lado, también puede llevarse a cabo con gran calidad), u optar por algo como componer una partitura moderada pero que sea capaz de sacar del espectador sentimientos de inquietud, por su intimismo; como hizo Howard Shore con su composición para “El silencio de los corderos”.  Es ahí donde entra la libertad creativa del compositor.

Pensemos en Final Fantasy, una película realizada enteramente por ordenador. Si el objetivo de la música fuera únicamente subrayar las imágenes y el guión, claramente lo lógico sería optar por música electrónica, en concordancia con el carácter sintético de los personajes y lugares que se nos presentan. Sin embargo, el compositor optó por componer una partitura para una gran orquesta, algo que sería capaz de aportar a las imágenes artificiales de un realismo extra, el del sonido de instrumentos reales.

 

Por otra parte, una de las muchas finalidades que tienen las bandas sonoras, es la de situar la acción en una época y un lugar determinados, en muchos casos identificándose con alguna cultura. Esto se logra mediante el empleo de instrumentos adecuados, y de ciertas características en cuanto al estilo. Así se explican los rasgos hispanos en “La máscara del zorro”, los sicilianos en “El padrino”, los africanos en “El rey león”, Etc. Esto cobra especial dificultad cuando no se conserva música de la cultura que se pretende evocar . De esta manera, Jerry Goldsmith se enfrentó a un gran reto al tener que identificar musicalmente a los vikingos en “El guerrero nº13”, lo cual resolvió satisfactoriamente empleando música con gran fuerza, con gran presencia de metal; representando así el carácter rudo y arisco de los vikingos.

Ahora bien, en multitud de ocasiones los lugares y épocas representados no son reales, exigiendo en esos casos un esfuerzo adicional por parte del compositor para identificar esos ambientes irreales. En estos casos, por regla general, no suelen buscarse técnicas musicales extremadamente alejadas de lo convencional, sino que más bien, para no perder a los espectadores, se opta por algo más cercano a la audiencia. De esta forma, John Williams consigue representar todo un mundo irreal mediante composiciones con un aire del Romanticismo, en las distintas películas de “La guerra de las galaxias”. No sólo crea una textura musical distinta para los distintos lugares y razas, sino que todos y cada uno de los personajes principales, y unos cuantos más que no lo son, tienen su propio tema. Esta técnica, consistente en identificar a personajes y lugares con temas independientes fue heredada directamente de Wagner, y es usada continuamente en las bandas sonoras para crear una estructura temática que refuerza la coherencia de la historia, y pone a disposición de los compositores, como veremos a continuación, un campo de posibilidades ilimitadas. Estos temas no son rígidos, sino que en función de la situación son desarrollados con diferentes instrumentos, tonos y tempo, adaptándose a las circunstancias y dándonos información acerca de los sentimientos de estos personajes, cómo evolucionan,etc.

Alfred Molina como Doctor Octopus en Spider-man 2Tal es el grado de identificación buscado entre los temas y lo que se representa, que en ocasiones resulta sorprendente. No es casualidad que el tema del Doctor Octopus en “Spiderman 2” tenga 8 notas, sino que esto responde a su peculiar forma de andar, con sus 8 extremidades. Incluso, si escuchamos más atentamente, podremos distinguir que las cuatro primeras notas son más lentas, y las cuatro últimas más fuertes y rápidas, idéntificandose las primeras con sus apéndices orgánicos y las otras con los mecánicos. Vamos a escucharlo en un pequeño fragmento.

Tampoco es casualidad el hecho de que el tema del anillo en el “Señor de los anillos” tenga estructura circular; ni que, en “El protegido” el tema empleado para representar al protagonista sean las mismas notas, pero en orden inverso, que el de su antagonista. Esto se debe a que, en la película, un personaje es el opuesto del otro. Mientras que uno posee una gran fuerza, el otro sufre fracturas por incidentes mínimos.

 

Como decíamos antes, los temas no son rígidos, sino que pueden desarrollarse con diferentes instrumentos, tonos y tempo. Esta flexibilidad permite reforzar la coherencia del guión. Un motivo musical asociado a algo concreto evolucionará a lo largo de la historia a medida ese algo evolucione, y de manera concordante con sus cambios; haciéndo a estos, a su vez, más patentes.

Esto es apreciable también en la trilogía de “El señor de los anillos”. Tomemos el tema de Gondor, territorio que no se nos muestra en pantalla hasta la tercera película, a excepción de una brevísima toma en la primera. Podríamos pensar que lo más lógico sería que este tema no apareciese hasta la tercera parte. Sin embargo, la idea de la ciudad ya está de alguna manera presente en las dos primeras partes, de una manera abstracta. Ya al principio de la historia, oímos referencias a Gondor por parte de algunos personajes. Mientras que en el concilio se discute sobre las fuerzas de que se dispone para hacer frente al enemigo, y se hace referencia a Gondor, el tema de Gondor acompaña el momento de una manera más bien discreta, con un solo de trompa. De forma similar, cuando Boromir, personaje de Gondor, habla melancólicamente de su ciudad, suena también el tema, pero ahora con un aire nostálgico. Sin embargo, una vez que en la tercera película se nos muestra este territorio en todo su esplendor, el tema adquiere una gran fuerza, y es desarrollado durante varios minutos con toda la orquesta.

Sin embargo, también suelen escribirse temas para representar ideas más abstractas, como el llamado por el propio compositor “tema de la naturaleza”, para estas mismas películas. Así, esta melodía acompaña momentos como el rescate por parte de un águila a uno de los protagonistas, la salida del sol durante un momento crítico de una oscura batalla, o la salida de los árboles del bosque para atacar una fortaleza; escenas en las que la naturaleza juega un papel importante en el avance de la historia.

Luke y Obi-Wan en Star Wars: A New HopeDe todas formas, pienso que el ejemplo perfecto de representación de algo abstracto, es el tema de la fuerza en “La guerra de las galaxias”. Esta melodía adquiere un tono místico, cuasi-espiritual; empleado fundamentalmente para informar al expectador de que el personaje está experimentando algo sobrenatural e intangible: de que está sintiendo la fuerza. Y la eficacia de esta composición reside precisamente en que el público es consciente de ello, sin que halla sido mencionado mediante el diálogo verbal; sino a través de la música. Escuchamos ahora una muestra del tema de la fuerza.

En esta ocasión acaba en un acorde menor denotando incertidumbre... Es una de esas variaciones sobre un mismo tema de las que hablábamos al principio.

Anakin Skywalker / Darth VaderOtro ejemplo de desarrollo de temas lo hallamos en el personaje de Darth Vader, también en las películas de “La guerra de las galaxias”. En la historia se nos narra cómo el personaje va cambiando, desde que es un inocente niño llamado Anakin, hasta que es corrompido por el lado oscuro de la fuerza y encabeza el Imperio. Por esto el compositor optó por componer dos temas que representasen al mismo personaje. Uno de ellos, conocido como Marcha imperial, representa a Darth Vader como líder del imperio, mostrándonos su lado más oscuro y ambicioso; mientras que el otro, conocido como el tema de Anakin,  con un aire más bien optimista, se asocia con él en su niñez, son su inocencia y optimismo vital. Sin embargo, ya en su infancia se advertían en él ciertas tendencias que amenazaban con llevarle hacia el lado oscuro. Así, en el último compás del tema de Anakin, nos encontramos con cuatro notas que son inconfundiblemente de la marcha imperial; y mientras que el maestro Yoda sospecha que el miedo que encuentra en el niño pueda ser peligroso, se puede oir una débil pero siniestra versión de la marcha imperial. De forma similar, simbolizando cómo la progresiva rebeldía de Anakin le lleva por el lado oscuro, en los últimos treinta segundos de “El ataque de los clones”, se funden el tema de Anakin y el tema de amor entre Anakin y Padme con la marcha imperial, con carácter amenazante. Y es que la relación entre ellos dos es una de las muestras de esa rebeldía que le corromperá.

Una vez que el personaje ya está asentado en su papel de líder del lado oscuro, la marcha imperial se nos muestra con toda su fuerza y es desarrollada durante varios minutos de duración, habiendo ya desaparecido toda la inocencia del antiguo tema de Anakin. Finalmente, cuando Darth Vader exhala sus últimos alientos de vida, la marcha imperial ha perdido su fuerza, y es interpretada por un instrumento mucho más débil: el arpa.

 

Ahora, analizaremos cómo el compositor Hans Zimmer, en la película “El príncipe de Egipto”, desarrolla el tema utilizado para representar a Dios. Este es un caso especialmente interesante, ya que esta vez se define un personaje que no se nos muestra en la pantalla. La estructura del tema es por sí misma muy simbólica. El primer intervalo del tema es una octava. Esto simboliza que Dios es el ser perfecto, dado que la octava es el intervalo musical más perfecto que hay. Después de este primer intervalo, la melodía desciende al segundo intervalo más perfecto después de la octava: la quinta.

La utilización más sutil del tema la encontramos cuando Moisés da las instrucciones a los hebreos para la Pascua. Lo que suena en ese momento es fundamentalmente el tema de los hebreos, pero sin embargo, hay cuerdas muy altas tocando por encima de todo el tema que representa a Dios. Esta vez, el tema acaba con un acorde mayor, indicando seguridad para todo aquel que siga las instrucciones divinas.

La secuencia final de la película contiene muchos usos simbólicos del tema. Mientras que los hebreos permanecen atrapados en la orilla del Mar rojo, el tema que representa a Dios es tocado simultáneamente con la música creciente que acompaña a Moisés mientras avanza hacia el agua, para indicar que Dios está con él, y apunto de servir de mediador para un milagro. Justo mientras Moisés eleva el bastón, la octava del tema que caracteriza a Dios suena, y desciende a la quinta cuanto golpea, como simbolizando en cierta manera el descenso de la intervención divina a la tierra para obrar el milagro. Entonces el tema continúa sonando, acompañado por las secciones de cuerda y viento, que van elevándose en arpeggios a medida que el agua también sube. Mientras que los hebreos avanzan por el sendero creado por el milagro, el tema de los hebreos suena triunfantemente, simultáneamente con el tema que simboliza a Dios, representando así la realización de su voluntad por medio de la liberación de los hebreos. Ambos cesan cuando la armada egipcia avanza tras ellos, dando paso al tema egipcio. Pero las aguas descienden llevándose a su ejército, mientras que regresa el tema de Dios, conquistando al tema de los egipcios.

Esto nos lleva a algo nuevo de lo que no hemos hablado hasta ahora: las bandas sonoras no se limitan a ceñirse a lo que ocurre en pantalla, no se subordinan a la información que aportan las imágenes y los diálogos, sino que uno de sus principales objetivos es dotar a las películas de información adicional. Como acabamos de ver, en “El príncipe de Egipto” la música ha servido para llevar a la película a un personaje no mostrado.

De forma similar, en  “Tiburón”, una toma que en principio no tendría mayor relevancia si quitarámos la música, como un personaje nadando en el mar, adquiere una nueva perspectiva al emplear el tema del tiburón. Nos hace conscientes de la amenaza. Nos hace temer por la vida del personaje en cuestión. Y todo ello sin que tan siquiera se nos haya mostrado la silueta del animal aproximándose.

Asimismo, cabe mencionar la creación de un instrumento de varios metros de largo, el Blaster Beam, para la primera película de Star Trek. Este instrumento, que tenía un sonido bastante peculiar, se usaba para identificar a una entidad oculta en una nube estelar, dándole en cierta manera una voz propia, que nos hace conscientes de su presencia y creciente poder.

También son muy numerosos los casos en los que la música nos informa sobre lo que están sintiendo o pensando ciertos personajes. Esto es especialmente útil cuando no deseamos expresar estas cosas por medio del diálogo.

En la misma línea, es muy común que sea la música lo que determine en gran parte el significado de una toma o escena. En una batalla entre dos bandos, cuando se nos muestra uno de ellos siendo derrotado por el otro, es radicalmente distinto si se emplea un tono dramático en la música, dando al espectador sensación de derrota, o si se emplea un tono triunfal, posicionando a la audiencia en el bando ganador. Es decir, la música define a menudo lo que deben significar los hechos que se nos muestran.

Mónica y su hijo adoptivo en Inteligencia ArtificialEsto se hace patente, por ejemplo, en una secuencia de “Inteligencia artificial” en la que Mónica está tratanto de habituarse al hecho de tener a un robot como hijo adoptivo. Lo interesante de esta escena, es que es acompañada por un piano real que va interaccionando con un sintetizador que simula un piano electrónico. Al principio, un instrumento llama y responde al otro, alternándose, pero mientras avanza la secuencia ambos instrumentos tocan juntos; simulando así la aceptación gradual de Mónica por el robot.

Llegados a este punto, hemos visto numerosos ejemplos de cómo las bandas sonoras reproducen con gran fidelidad y paralelismo lo que sucede en la película, no sólo con razonamientos puramente intelectuales sino también con rasgos más emocionales que permitan definir la esencia tras la película. Pero, sin embargo, no se trata tampoco de que la música llegue a ser totalmente paralela a la película. Siempre hay una línea que separa lo inteligentemente acorde de lo redundante y excesivo. No tendría sentido que la música llegase a emular, por ejemplo, todos y cada uno de los movimientos de los personajes, ya que hay otros elementos en la película cuyo fin ya es dárnoslos a conocer. Están los efectos de sonido, las imágenes... Es decir, la misión de la música es por una parte, enfatizar sólo algunos de esos aspectos que ya se nos muestran por otros medios, y por otra, aportar al conjunto lo que las demás partes no aportan.

 

Por supuesto, no toda la música instrumental empleada en el cine es esencialmente temática. Sin embargo, todo lo que acabamos de ver acerca de cómo la música aporta y subraya información en la película es perfectamente aplicable también a la música melódica pero no temática, y a las composiones atonales.

Para ejemplificar esto, pensemos en la secuencia inicial de “El imperio contraataca”, donde los pasos de unos enormes robots son acompañados por sutiles acordes de varios pianos tocados simultáneamente, que con un aire amenazante logran simular el siniestro avance rítmico de los aparatos, sin recurrir a rasgos melódicos ni temáticos. Y en “Al límite de la verdad”, existe un motivo eléctronico que se acelera o se hace más dócil en función del nivel de tensión entre los dos protagonistas.

La coherencia estructural no viene dada sólo por la evolución de ciertas melodías a lo largo de la película, sino también por la asociación de ciertos instrumentos y estilos a determinados elementos.

De todas formas, debe tenerse en cuenta que el atonalismo, es decir, lo disonante, no tiene porque implicar arbitrariedad. De hecho, muchas veces se logra hacer un uso muy inteligente de lo disonante, sin perder el rumbo ni la consistencia, y manteniendo ciertas relaciones aritméticas que lo alejan de lo aleatorio. Para ilustrar esto, pensemos en la famosa secuencia del asesinato en la ducha de Psicosis, donde hábilmente el compositor logra crear ansiedad al tener a los violinistas ejecutando glissandis que culminan en la nota más alta del sistema de tonos.

Y es que la importancia de la música en cuanto a provocar emociones en el espectador es fundamental. Alejandro Amenábar se refiere a las bandas sonoras como el “denotante emocional” de las películas. La música puede hacer llorar, reír o entrar en pánico al espectador. Pero no se trata sólo de una elección de texturas, sino que los grandes autores nos ofrecen obras muy estructuradas y coherentes, que en general han de desenvolverse con gran dinamismo, para seguir el rápido ritmo con que las imágenes se suceden. En un momento determinado pueden sonar unos acordes del tema de un personaje, y apenas un instante después la música puede haber cambiado totalmente, de acuerdo con un giro rápido de la película; pero esta transición no tiene porque tener lugar bruscamente en la música, sino que el compositor se las ingeniará para enlazar las diferentes ideas musicales con hábiles arreglos, manteniendo cierta continuidad.

 

En resumen:

Principales funciones de las BSO

 

Como puede entreverse de todo lo expuesto hasta ahora, es muy habitual que el lenguaje de las bandas sonoras sea tan complejo que gran parte de las ideas del compositor pasen desapercibidas para el espectador de la película durante su visionado, pero no así muchas otras. El compositor por lo general habrá cumplido su cometido si ha sabido sutilmente actuar en el subconsciente de la audiencia, sacando el máximo partido al lenguaje musical que ha sido puesto a su disposición, para servir a la película como un todo. Pero, de forma análoga a las grandes obras maestras en casi cualquier tipo de arte, su autor pretende ir más allá de lo discernible a primera vista; y son precisamente las obras que más valor tienen  aquellas que cuando uno más se interna en ellas, más nos sorprenden con nuevos detalles magistrales. Y aunque estos detalles sean ideas que no se descubran en una primera escucha, no llegan a ser tan enrevesadas que sólo puedan ser entendidas por su autor, como ocurriría en muchas otras formas de arte actual.

Además, el elaborado dinamismo de la música para cine contrasta fuertemente con los rígidos cánones estructurales a los que nos tiene acostumbrados la música comercial, rompiendo así con el patrón de composiciones de 2 a 5 minutos en las que se repite una misma melodía una y otra vez sin apenas desarrollo.

De esta forma, es comprensible que este género produzca en el gran público cierto rechazo, ya que en las bandas sonoras por lo general se da prioridad al mensaje sobre lo estéticamente agradable. Y en muchos casos se trata de un mensaje encubierto, como el código morse en los bajos de “Hellraiser 2”; pero lo que resulta indiscutible es la riqueza conceptual y formal que reside en muchas de las composiciones del pasado y del presente para el cine.

 

 

Enlaces:

http://www.bsospirit.com

http://www.mundobso.com

http://www.moviemusicuk.us

http://www.filmtracks.com

http://www.movie-wave.net

http://www.cinemusic.net

 

 

 

 

 

 

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