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El Mozárabe (Antonio García-Lastra Perales)
Esta novela, ambientada en el siglo décimo después de
Cristo, describe perfectamente el ambiente de la ciudad de Córdoba y la
situación de los cristianos en aquel entorno. Cuando en 929 Abd
al-Rahman III, emir de Córdoba, se erige como califa,
la España
musulmana inicia una etapa de esplendor inigualable cuyo principal baluarte será
su capital, Córdoba. Allí coinciden Asbag y Abuámir, personas de distinto origen, fe y vocación. Asbag, el mozárabe, es un erudito que gracias a sus
aptitudes académicas y sus dotes diplomáticas será consejero de personajes
emblemáticos. Nombrado obispo de Córdoba por el mismo califa, se hará gran
amigo del mismo, al cual pedirá que le permita hacer realidad su sueño: visitar
la tumba de Santiago en la antigua Gallaecia,
objetivo que para su gran pena se demorará, atravesando toda Europa, por
momentos preso o esclavo. El destino del musulmán Abuámir no será menos sorprendente. Carismático y atractivo, este joven vividor y
ambicioso desarrollará una fulgurante carrera militar y se convertirá en el
temido y legendario Almanzor, tras lo cual emprenderá
una guerra en el norte para saquear la tumba del apóstol y tirar sus huesos al
mar.
Especialmente emotiva es la escena en que, una vez saqueada
la ciudad de Santiago y destruida la Catedral, el temidísimo caudillo islámico se
encuentra a Asbag abrazado a la tumba del apóstol,
escena que aquí introduzco resumida:
“No sintió temor alguno cuando vio a un guerrero
revestido de armadura con una gran espada en la mano. Era Abuámir.
Asbag alzó la cabeza hacia él y se echó hacia atrás la capucha
que le cubría.
-¿Qué haces tú aquí?- le preguntó Abuámir.
-Estoy orando a Shant
Yaqub- respondió el Mozárabe.
-¿Qué le pides?
- Que ablande tu espíritu y respetes esta
tumba santa.
Abuámir sonrió, de buen grado, como sorprendido por aquella
respuesta ingenua. Dijo:
-Reza todo lo que quieras.
Dicho esto, salió de la cripta y dio órdenes
a sus generales de que se respetara el sepulcro y se montara guardia ante él,
sin que nadie molestara al anciano orante.”
Ambos personajes tomarán caminos distintos, como consecuencia
de su fe; y su amistad, antes tan evidente, pasará a convertirse en una
inevitable enemistad.
Debido
al intervalo temporal en que se desarrollan los hechos, estos tienen un fugaz
desarrollo. Demuestra un gran conocimiento del contexto histórico en que se
desarrolla la acción, sobre todo al describir a la gente, los paisajes, las
costumbres y la vida en las ciudades y regiones que visitan ambos personajes,
desarrollando el autor una extensa descripción espiritual de los dos personajes
principales, cuyo carácter varía según los numerosos sucesos que les dejan
marcados de por vida.
En
mi opinión, después de haber leído muchos más libros de este autor, como El
Cautivo o
La Sublime
Puerta
, éste me parece el mejor de todos ellos, dada la
trabajada reflexión sobre la fe y sobre el
sufrimiento en esta vida que desarrolla el Obispo Asbag
cada vez que alguna desdicha le ocurre, que es bastante emotiva y está muy bien
trabajada. |