Ir a página principal

Con la colaboración de

 

 

 

 

Relatividad VS Relativismo. Más allá de los límites de la mente humana (A.G.Y.)

 

Albert Einstein¿Es la relatividad lo mismo que el relativismo? Ambos términos poseen múltiples acepciones. Para algunas de ellas, ambos podrían tomarse como sinónimos. Sin embargo, para otras no es así en absoluto.

A la vista de esta simple reflexión, más de uno concluiría: “Por tanto, es obvio que no existe alguna afirmación o negación categórica que pueda responder a esa pregunta. Se trata de una interpretación relativa, no de una verdad absoluta”.

A pesar de que pueda parecerlo, esto no es simplemente un pensamiento aislado carente de relevancia para el común de los mortales. No lo es, puesto que esta forma de razonar puede ser extrapolada a todos los ámbitos de nuestra vida. Más aún, una enorme parte de nuestra sociedad actual la aplica también, ya sea consciente o inconscientemente (la mayoría), a todo lo que es susceptible de someterse al cuestionamiento de su existencia.

Y ya que esta forma de ver las cosas es tan habitual, no estaría de más plantearse si se trata de una actitud acertada a la hora de conocer la realidad de lo que nos rodea.

 

 

Si llegados a este punto el lector ha adquirido interés por hallar una respuesta a esta cuestión, me gustaría comunicarle una buena noticia: va usted por buen camino, este es precisamente el tema que tratáramos en este artículo.

Si por el contrario no se siente atraído por ella lo más mínimo, me atrevería a aventurarme a afirmar que es porque no la ha entendido. En ese caso también le felicito, pues a continuación hallará la explicación:

En nuestros días es común una actitud reivindicativa de una supuesta libertad en forma de ideología relativista que viene a decir: “no existen verdades absolutas, sino que cada individuo posee su propia verdad”. Ahora bien, cuando analizamos los argumentos que se emplean para apoyar esta tesis, nos encontramos con que muchos de ellos en realidad no se refieren al relativismo propiamente dicho, sino que son consecuencia de la teoría de la relatividad de Einstein. De esta forma, se defiende el relativismo en base a la teoría de la relatividad.

Pues bien, lo que cabe cuestionarse es si esto es correcto, o si no es más que un artificioso sofisma.

No es mi intención abordar razonamientos que carezcan de aplicación práctica para la vida real, sino todo lo contrario. Así pues, nada mejor que exponer a partir de ejemplos muy concretos.

Imaginemos que nuestro hermano pequeño tiene para desayunar un vaso de leche a 20ºC . ¿Está caliente?

Hermano: Frío

Madre: Caliente

Relativista: Ninguna de las dos cosas. Depende de la referencia de medidas que elijamos.

 

A primera vista, es innegable que la afirmación que parece más correcta es la tercera. Diría más: no sólo lo parece, lo es.

Entonces, ¿la conclusión es que toda verdad es relativa?. No, en absoluto. El personaje que se autodenomina “relativista” nos está poniendo en bandeja (sin saberlo, obviamente) una buena razón en favor del absolutismo (es decir, precisamente lo contrario al relativismo que pretendía defender). El argumento que emplea se deriva claramente de la teoría de la relatividad.

Veamos porqué su aportación no secunda el relativismo. La palabra “caliente”, acerca de la cual nos preguntamos, posee diferentes significados. Si tratamos de responder a la pregunta antes de ponernos de acuerdo en cuanto a cuál de estos significados nos referiremos con “caliente”, cada individuo estará hablando de realidades distintas.

Entonces, aunque uno responda “no está caliente”, y otro replique “está caliente”, ambas afirmaciones no se contradicen mutuamente. El primero, de acuerdo con la definición que ha adoptado de la palabra (supongamos que ha decidido que la leche está caliente si tiene más 26ºC ), estará diciendo en realidad que el líquido no supera una cierta temperatura; mientras que el segundo lo que verdaderamente sostiene es que está por encima de otra temperatura (por ejemplo, 15ºC ). Salta a la vista que las dos pueden ser ciertas sin autoexcluirse una con la otra: “la leche está a menos de 26ºC , y a más de 15ºC ”. Al considerar ambas simultáneamente, estamos analizando una porción de la verdad mayor.

Cada vez que manejamos una acepción (llámese sistema de referencia, si se quiere) diferente de la misma palabra, no estamos juzgando diferentes verdades relativas acerca del mismo caso, sino que estamos tratando con casos diferentes. Cada cambio de acepción supone pasar a referirnos a una esencia diferente. Pero realizar afirmaciones acerca de esencias diferentes supone elaborar juicios totalmente independientes entre sí, que hablan sobre distintos aspectos de la verdad. Cuando buscamos la verdad, no tiene sentido quedarse en la superficialidad de la forma de las palabras, pues esto no es más que un artificio creado para referirnos a la realidad, sino que hemos de tener claro la esencia que asignamos a cada palabra. Al establecer la esencia, definimos de qué estamos hablando. Si no lo hacemos, cada individuo podría estar discutiendo sobre diferentes aspectos verdaderos (no dos verdades contradictorias acerca del mismo caso –lo cual es imposible- sino dos casos diferentes con sus respectivas verdades). El hecho de que una misma palabra tenga diferentes significados no supone que un mismo juicio tenga muchas soluciones; lo que quiere decir es que podemos juzgar diferentes realidades con el mismo término, pero no el mismo caso.

Si rechazásemos la existencia de verdades absolutas por el hecho de haber varias definiciones para un vocablo, equivaldría a negarse a admitir que 1+2=3 y que 2+2=4 porque A+2=3 cuando A=1 y A+2=4 cuando A=2; discutimos sobre dos A diferentes (y por tanto sobre dos casos distintos). Cada valor que asociamos a A se correspondería con cada significado que podemos asignar a una palabra; y cada igualdad, con una valoración independiente.

Hemos de evitar esta falacia definiendo lo que queremos juzgar basándonos en ideas objetivas.

 

         Alguien podría alegar que la elaboración de la definición de lo que vamos a valorar es subjetiva. No le faltaría razón. Es subjetiva, como también lo es la decisión de qué queremos juzgar. Y esto es, de hecho, lo que estamos haciendo al llevar a cabo lo primero.

         Lo ilustraremos con un ejemplo bastante explícito:

         Si un grupo de personas se reúnen, alguno pregunta a los demás “¿De qué debemos hablar?” y otro responde “Vamos a hablar sobre Cristóbal Colón”, se trata de una decisión subjetiva. A continuación, otro podría aportar: “Descubrió América en 1492” . Esto es objetivo. Como se puede ver, la subjetividad previa no afecta a la objetividad de la valoración que subjetivamente han decidido realizar. Lo subjetivo llega a su fin en el momento en el que se concreta la definición que se manejará. Una vez que se acuerda lo que queremos juzgar, “se torna” plenamente objetivo.

         Con cada decisión subjetiva (al modificar la definición de “caliente”, en nuestro ejemplo anterior) estaremos juzgando una realidad diferente, por lo que obtendremos resultados objetivos distintos. Definiciones diferentes implican juicios diferentes. Juicios diferentes implican realidades diferentes. Y realidades diferentes implican diferentes aspectos de la verdad.

 

         Pero, si existe verdad objetiva para todas las realidades, ¿por qué consideramos por norma general “juicios” como “esta pieza suena como una obra de la época dorada” subjetivos?. Lo hacemos porque es imposible para nuestras mentes delimitar una definición concreta de estos conceptos. No es sólo que haya muchas significados para un mismo término (esto se podría arreglar sin demasiadas dificultades), el verdadero problema es que no es posible abarcar ninguna clase de definición completa de “sonar como una obra de la época dorada”, debido a las limitaciones de nuestra inteligencia y memoria.

         En este caso hay casi infinitos elementos involucrados, por lo que no es posible a nuestra mente dar cabida a todos ellos de cara a alcanzar una definición satisfactoria de lo que pretendemos juzgar. Pero si tuviéramos un supercomputador con una capacidad de almacenamiento (y paciencia) millones de veces superior a la nuestra, podríamos elaborar una definición objetiva de “sonar como una obra de la época dorada”, con billones de billones de conceptos implicados (habría una lista casi inacabable de progresiones de notas, ritmos… todas las posibles características estilísticas que uno decidiría asociar a la música de ese periodo).

         Sin embargo, el hecho de que no podamos conocer ciertos ámbitos de la verdad no quiere decir que estos no existan. Que hace dos milenios los habitantes de la Tierra ignorasen la existencia de Plutón no significa que este planeta no formase parte del Sistema Solar. Existe una verdad concreta y única, a la que nos podemos aproximar en nuestras percepciones o no.

         El ser humano es limitado en su capacidad de conocer la realidad. No se trata de algo tan negativo como pudiera parecer en primera instancia, pues la mayor parte de las respuestas que verdaderamente necesita (si no todas) se hayan respondidas en su propia naturaleza, y el cristiano además halla una explicación muy satisfactoria en la revelación.

La teoría de la relatividad no es más que una teoría, y como tal es susceptible de ser falsa. Sin embargo, puede ser verdadera sin que ello implique que el relativismo sea acertado. De hecho, como hemos explicado, la relatividad de Einstein no secunda el relativismo (entendido como negación de la existencia de verdades absolutas), sino que, por el contrario, lo rebate. Esta es la razón de que pretender defender lo segundo con razonamientos basados en lo primero supone una paradoja, y por ello carece de todo valor defensivo del relativismo.

Nos encontramos así, con un considerable número de personas que han caído en la trampa de confundir ambos conceptos, y que lamentablemente guían sus vidas a partir de juicios morales carentes de todo fundamento objetivo.

 

Relatividad (M.C. Escher, 1953)

 

Enlaces:

http://boards1.melodysoft.com/app?ID=arje&msg=176

 

 

 

 

Artículo

 

Mensajes