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Relatividad VS Relativismo. Más allá de los límites de la mente humana (A.G.Y.)
A la vista de
esta simple reflexión, más de uno concluiría: “Por tanto, es obvio que no
existe alguna afirmación o negación categórica que pueda responder a esa
pregunta. Se trata de una interpretación relativa, no de una verdad absoluta”.
A pesar de
que pueda parecerlo, esto no es simplemente un pensamiento aislado carente de
relevancia para el común de los mortales. No lo es, puesto que esta forma de
razonar puede ser extrapolada a todos los ámbitos de nuestra vida. Más aún, una
enorme parte de nuestra sociedad actual la aplica también, ya sea consciente o
inconscientemente (la mayoría), a todo lo que es susceptible de someterse al
cuestionamiento de su existencia.
Y ya que esta
forma de ver las cosas es tan habitual, no estaría de más plantearse si se
trata de una actitud acertada a la hora de conocer la realidad de lo que nos
rodea.
Si llegados a
este punto el lector ha adquirido interés por hallar una respuesta a esta
cuestión, me gustaría comunicarle una buena noticia: va usted por buen camino,
este es precisamente el tema que tratáramos en este artículo.
Si por el
contrario no se siente atraído por ella lo más mínimo, me atrevería a
aventurarme a afirmar que es porque no la ha entendido. En ese caso también le
felicito, pues a continuación hallará la explicación:
En nuestros
días es común una actitud reivindicativa de una supuesta libertad en forma de
ideología relativista que viene a decir: “no existen verdades absolutas, sino
que cada individuo posee su propia verdad”. Ahora bien, cuando analizamos los
argumentos que se emplean para apoyar esta tesis, nos encontramos con que
muchos de ellos en realidad no se refieren al relativismo propiamente dicho,
sino que son consecuencia de la teoría de la relatividad de Einstein.
De esta forma, se defiende el relativismo en base a la teoría de la
relatividad.
Pues bien, lo
que cabe cuestionarse es si esto es correcto, o si no es más que un artificioso
sofisma.
No es mi
intención abordar razonamientos que carezcan de aplicación práctica para la
vida real, sino todo lo contrario. Así pues, nada mejor que exponer a partir de
ejemplos muy concretos.
Imaginemos
que nuestro hermano pequeño tiene para desayunar un vaso de leche a
Hermano: Frío
Madre: Caliente
Relativista: Ninguna de las dos cosas. Depende de
la referencia de medidas que elijamos.
A primera
vista, es innegable que la afirmación que parece más correcta es la tercera.
Diría más: no sólo lo parece, lo es.
Entonces, ¿la
conclusión es que toda verdad es relativa?. No, en absoluto. El personaje que
se autodenomina “relativista” nos está poniendo en bandeja (sin saberlo,
obviamente) una buena razón en favor del absolutismo (es decir, precisamente lo
contrario al relativismo que pretendía defender). El argumento que emplea se
deriva claramente de la teoría de la relatividad.
Veamos porqué
su aportación no secunda el relativismo. La palabra “caliente”, acerca de la
cual nos preguntamos, posee diferentes significados. Si tratamos de responder a
la pregunta antes de ponernos de acuerdo en cuanto a cuál de estos significados
nos referiremos con “caliente”, cada individuo estará hablando de realidades
distintas.
Entonces,
aunque uno responda “no está caliente”, y otro replique “está caliente”, ambas
afirmaciones no se contradicen mutuamente. El primero, de acuerdo con la
definición que ha adoptado de la palabra (supongamos que ha decidido que la
leche está caliente si tiene más
Cada vez que
manejamos una acepción (llámese sistema de referencia, si se quiere) diferente
de la misma palabra, no estamos juzgando diferentes verdades relativas acerca
del mismo caso, sino que estamos tratando con casos diferentes. Cada cambio de
acepción supone pasar a referirnos a una esencia diferente. Pero realizar
afirmaciones acerca de esencias diferentes supone elaborar juicios totalmente
independientes entre sí, que hablan sobre distintos aspectos de la verdad.
Cuando buscamos la verdad, no tiene sentido quedarse en la superficialidad de
la forma de las palabras, pues esto no es más que un artificio creado para
referirnos a la realidad, sino que hemos de tener claro la esencia que
asignamos a cada palabra. Al establecer la esencia, definimos de qué estamos
hablando. Si no lo hacemos, cada individuo podría estar discutiendo sobre
diferentes aspectos verdaderos (no dos verdades contradictorias acerca del
mismo caso –lo cual es imposible- sino dos casos diferentes con sus respectivas
verdades). El hecho de que una misma palabra tenga diferentes significados no
supone que un mismo juicio tenga muchas soluciones; lo que quiere decir es que
podemos juzgar diferentes realidades con el mismo término, pero no el mismo
caso.
Si
rechazásemos la existencia de verdades absolutas por el hecho de haber varias
definiciones para un vocablo, equivaldría a negarse a admitir que 1+2=3 y que 2+2=4 porque A+2=3 cuando A=1 y A+2=4 cuando A=2;
discutimos sobre dos A diferentes (y por tanto sobre dos casos distintos). Cada
valor que asociamos a A se correspondería con cada
significado que podemos asignar a una palabra; y cada igualdad, con una
valoración independiente.
Hemos de
evitar esta falacia definiendo lo que queremos juzgar basándonos en ideas
objetivas.
Alguien
podría alegar que la elaboración de la definición de lo que vamos a valorar es
subjetiva. No le faltaría razón. Es subjetiva, como también lo es la decisión
de qué queremos juzgar. Y esto es, de hecho, lo que estamos haciendo al llevar
a cabo lo primero.
Lo
ilustraremos con un ejemplo bastante explícito:
Si
un grupo de personas se reúnen, alguno pregunta a los demás “¿De qué debemos
hablar?” y otro responde “Vamos a hablar sobre Cristóbal Colón”, se trata de
una decisión subjetiva. A continuación, otro podría aportar: “Descubrió América
en
Con
cada decisión subjetiva (al modificar la definición de “caliente”, en nuestro
ejemplo anterior) estaremos juzgando una realidad diferente, por lo que
obtendremos resultados objetivos distintos. Definiciones diferentes implican
juicios diferentes. Juicios diferentes implican realidades diferentes. Y
realidades diferentes implican diferentes aspectos de la verdad.
Pero,
si existe verdad objetiva para todas las realidades, ¿por qué consideramos por
norma general “juicios” como “esta pieza suena como una obra de la época
dorada” subjetivos?. Lo hacemos porque es imposible para nuestras mentes
delimitar una definición concreta de estos conceptos. No es sólo que haya
muchas significados para un mismo término (esto se podría arreglar sin
demasiadas dificultades), el verdadero problema es que no es posible abarcar
ninguna clase de definición completa de “sonar como una obra de la época
dorada”, debido a las limitaciones de nuestra inteligencia y memoria.
En
este caso hay casi infinitos elementos involucrados, por lo que no es posible a
nuestra mente dar cabida a todos ellos de cara a alcanzar una definición
satisfactoria de lo que pretendemos juzgar. Pero si tuviéramos un supercomputador
con una capacidad de almacenamiento (y paciencia) millones de veces superior a
la nuestra, podríamos elaborar una definición objetiva de “sonar como una obra
de la época dorada”, con billones de billones de conceptos implicados (habría
una lista casi inacabable de progresiones de notas, ritmos… todas las posibles
características estilísticas que uno
decidiría asociar a la música de ese periodo).
Sin
embargo, el hecho de que no podamos conocer ciertos ámbitos de la verdad no
quiere decir que estos no existan. Que hace dos milenios los habitantes de la
Tierra ignorasen la existencia de Plutón no significa que este planeta no
formase parte del Sistema Solar. Existe una verdad concreta y única, a la que
nos podemos aproximar en nuestras percepciones o no.
El
ser humano es limitado en su capacidad de conocer la realidad. No se trata de
algo tan negativo como pudiera parecer en primera instancia, pues la mayor
parte de las respuestas que verdaderamente necesita (si no todas) se hayan respondidas
en su propia naturaleza, y el cristiano además halla una explicación muy
satisfactoria en la revelación.
La teoría de
la relatividad no es más que una teoría, y como tal es susceptible de ser
falsa. Sin embargo, puede ser verdadera sin que ello implique que el
relativismo sea acertado. De hecho, como hemos explicado, la relatividad de Einstein no secunda el relativismo (entendido como negación
de la existencia de verdades absolutas), sino que, por el contrario, lo rebate.
Esta es la razón de que pretender defender lo segundo con razonamientos basados
en lo primero supone una paradoja, y por ello carece de todo valor defensivo
del relativismo.
Nos encontramos así, con un considerable número de personas que han caído en la trampa de confundir ambos conceptos, y que lamentablemente guían sus vidas a partir de juicios morales carentes de todo fundamento objetivo.
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