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Con la
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El test de Turing y la habitación china (Francisco Javier González Varela)
Su artículo “Computing Machinery and Intelligence” (1950)
comienza con la frase “Propongo
considerar la siguiente cuestión: ¿Pueden pensar las máquinas?”. Hay que
tener en cuenta que, cuando Turing escribe esto, los
“cerebros artificiales” más sofisticados consisten todavía en unos enormes
aparatos de toneladas de peso, repletos de válvulas de vacío, interruptores y
resistencias, que se comunicaban con sus usuarios a través de tarjetas
perforadas. Y, a pesar de las limitaciones técnicas de su época, Turing está pensando ya en una auténtica imitación del pensamiento
humano. Confiando en un espectacular desarrollo de la técnica, augura que habrá
ordenadores capaces de superar dicha prueba en torno al año 2000.
El avance de la informática en los últimos años ha sido ciertamente
notable, pero hoy por hoy no existen aún ordenadores capaces de superar la prueba
con éxito. Sin embargo, tampoco resulta posible afirmar que no puedan
conseguirlo en un futuro más o menos cercano. De ser así, ¿tendría razón Turing? ¿Habríamos conseguido fabricar verdaderas máquinas
pensantes?
El propio Turing rebatió varias objeciones a
la validez del test planteadas por él mismo, como la
supuesta falta de creatividad de las máquinas o la separación entre
conversación y conciencia. Sin embargo, el argumento más gráfico en contra de
la validez de la prueba fue expresado por John Searle (profesor de Filosofía en Berkeley)
en 1980 y se conoce habitualmente con el nombre de “La habitación china”.
La conclusión a la que llega Searle es la
siguiente: si yo no comprendo ni una palabra de chino a pesar de superar
correctamente el test, ¿por qué he de suponer que un
ordenador sí lo hará? Es decir, el ordenador no es más que un “manipulador
descerebrado de símbolos”; el pensamiento humano es más complejo que responder
a unos datos de entrada siguiendo reglas lógicas. Los conceptos semánticos (el
significado de las palabras, el contenido de la conversación) quedan fuera del
alcance del computador.
Detrás de la prueba, aparentemente inocente, propuesta por Turing, se esconde una concepción positivista y
materialista del pensamiento humano, que queda limitado a una mera respuesta a
estímulos externos según leyes predeterminadas. Se trata de un planteamiento
que no deja lugar a la libertad, a la creatividad, a la voluntad del ser
humano. En definitiva, más que conseguir demostrar que una máquina es capaz de
pensar como un ser humano, trata de reducir el ser humano a la condición de una
simple máquina.
Enlaces: John Searle (1980) "Minds, Brains and Programs" -- original draft from Behavioral and Brain Sciences
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