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El principio antrópico (Alejandro Gómez Yepes)

 

Una cuestión que ha intrigado a la humanidad desde sus comienzos ha sido el orden de la naturaleza, la perfección del cosmos, la increíble coherencia a la que pueden llegar los modelos físicos y matemáticos en su análisis de la realidad.

A poco que indaguemos acerca de nuestro alrededor, es inevitable que surja la pregunta acerca del porqué de este equilibrio, orden y consistencia. De hecho, la comunidad científica por lo general acepta como verídico el que se atribuyan al universo estas características. Científicamente esto es un hecho pero, ahora bien, sacar conclusiones a partir de esta observación es algo que se escapa del terreno de lo meramente científico.

Se puede demostrar que mi vecino se ha comprado un coche. Ese es el hecho. Pero si ahora nos preguntásemos “¿por qué se ha comprado un coche?” ya nos estaríamos desplazando a otro terreno: no al de lo cuantificable y demostrable, sino a un terreno personal, que es plenamente real, pero que no puede someterse a la experimentación y análisis matemático.

             Es decir, a partir de un hecho adecuadamente comprobado, descubrimos que hay otras realidades ligadas a él que no podemos demostrar empíricamente. Pero que no podamos someterlas plenamente a la razón de forma científica, no quiere decir que no existan realmente. Que no tengamos la posibilidad de investigar con la mente de nuestro vecino en un escáner o acelerador de partículas para probar que los motivos y pensamientos que le han llevado a su decisión han sido unos determinados, no quiere decir que estos no existan. Estas realidades “están ahí”, pero no se pueden verificar experimentalmente, sino que la manera de aproximarnos a ellas será más bien por medio de la metafísica.

Aplicando esto al asunto que nos ocupa, la conclusión sería la siguiente: no es posible demostrar empíricamente la existencia de una inteligencia superior que explique el orden presente en el universo, o esa inmensa cantidad de hechos que para muchos son “simplemente” enormes casualidades. Pero sí es posible, mediante un análisis basado en la razón de hechos objetivos que a continuación enumeraremos, llegar a convicciones muy razonables acerca de la existencia de Dios.

La palabra “antrópico” proviene de una palabra griega que significa “ser humano”. El principio antrópico nos propone un “universo antrópico”, afirmando que sobre la base de los datos y cálculos de la física, la conclusión más lógica es que el universo es como es para permitir que en él se de la existencia humana. Cualquier cambio en las características de la materia o de las condiciones iniciales y desarrollo de la evolución habría desencadenado la inexistencia de vida humana. En palabras de Stephen Hawking: "Vemos el universo de la forma que es porque si fuese diferente no estaríamos aquí para observarlo".

Existen varias versiones de este principio, cuya principal diferencia viene dada por una consideración en cierto grado subjetiva en base a los hechos: por un lado, muchos afirman que, efectivamente, una variación minúscula en las características de la materia habría impedido la vida en nuestro universo, pero se limitan a atribuirlo al azar, a la casualidad. Por su parte, la versión “más fuerte” va más allá y habla de un “diseño”, de que el universo ha sido hecho así específicamente para dar lugar a la vida humana, de forma que ocuparíamos un lugar privilegiado en el cosmos. Así definió a esta última Brandon Carter en la conferencia de la Unión Astronómica Internacional en 1974: "el universo debe tener aquellas propiedades que permitan el desarrollo de la vida en él, en algún periodo de su historia".

Independientemente de si se trata de una de sus variaciones ode otras, podemos decir que el principio antrópico cuenta con una acogida de muy grandes proporciones entre la comunidad científica. Las consideraciones en que se basan son tan numerosas y restrictivas que resulta muy difícil no sentirse abrumado ante el peso que presentan. Y es que algunas de las constantes de las que hablamos habrían de ajustarse al menos hasta su decimal 50 a su valor actual para poder permitir la vida.

Es bien sabido que el carbono es un elemento imprescindible para la vida. Pues bien, una pequeña modificación en la velocidad de desintegración de los átomos de hidrógeno en el Sol hubiera impedido la formación de Carbono.

Incluso podríamos remontarnos a los orígenes del universo, indagando acerca de las posibilidades que hubo de que el Carbono llegara a formarse alguna vez. Verdaderamente, esto es, si cabe, aún más sorprendente. Durante los primeros minutos que siguieron al Big Bang sólo se formaron tres elementos: Helio, Hidrógeno, y Litio. Todos los demás elementos aparecieron posteriormente en las estrellas. La cuestión está en la dificultad que conlleva producir un átomo de Carbono. Este elemento se forma al unirse un núcleo de Helio con un núcleo de Berilio, el cual, a su vez, se forma por la unión de dos núcleos de Helio. El obstáculo es que el núcleo de Berilio es tan inestable que se desintegra casi inmediatamente: en 0.00000000000000001 segundos. Fred Hoyle se aventuró a proponer que lo único que podría explicar que a partir de estos núcleos se llegase a formar Carbono con tanta rapidez se trataba de una resonancia. Es decir, que el Carbono tuviera exactamente la energía de las partículas a partir de las que se forma: 7,65 megaelectrón-voltios (ese valor fue demostrado años después de que Hoyle lo calculase). Y si se hubiera dado una resonancia parecida con el Oxígeno, prácticamente todo el Carbono habría desaparecido para dar lugar a Oxígeno.

En caso de que la constante de gravitación fuera levemente mayor, las estrellas se quemarían demasiado rápido como para poder mantener las condiciones necesarias para la vida en los planetas. Y si fuera ligeramente menor, no habría elementos pesados necesarios para formar planetas. Cuanto mayores sean las estrellas más elementos pesados dispersan a su alrededor, pero antes se queman. Curiosamente, el valor que toma esta constante favorece precisamente la existencia de estrellas del tamaño adecuado para la vida (que dispersen elementos pesados pero que al mismo tiempo tarden lo suficiente en desaparecer).

Si un minuto después del Big Bang el ritmo de expansión del universo hubiese sido menor en una parte en cien mil billones, éste hubiera sufrido un colapso hace mucho tiempo, debido al retraimiento de la materia. Una expansión más rápida en una parte en un millón habría impedido la condensación de materia que se acumula formando los sistemas galácticos, por lo que careceríamos de estrellas y planetas. No cabe duda que la magnitud de las cifras que se manejan es espectacularmente reducida.

Nuestro universo es muy entrópico (hablamos ahora de entropía, un concepto diferente a “antrópico”), gracias a que posee 10^8 fotones por cada barión. Esto quiere decir, empleando términos termodinámicos, que tiene gran tendencia a actuar eficientemente como radiador. Si la entropía fuera menor, los sistemas galácticos atraparían la radiación y tenderían a condensarse, de forma que estos no se fragmentarían en estrellas. Si, por el contrario, la entropía fuera mayor, no se llegarían a formar los mencionados sistemas galácticos, ni las estrellas.

Otro punto fundamental es la interacción entre las fuerzas gravitatorias y las electromagnéticas, ya que si la fuerza electromagnética relativa a la fuerza de gravedad fuera incrementada en sólo una parte en 1040 sólo se formarían estrellas pequeñas. Y si fuera disminuida en sólo una parte en 1040 sólo se formarían estrellas grandes. Pero para que la vida sea posible en el universo deben existir tanto las estrellas grandes como las pequeñas. Las estrellas grandes deben existir porque sólo en sus hornos termonucleares se producen la mayoría de los elementos esenciales para la vida. Las estrellas pequeñas, como el sol, deben existir porque sólo las estrellas pequeñas arden durante el tiempo suficiente y en la forma suficientemente estable como para sostener un planeta con vida (John P. Cox and R. Thomas Giuli, Principles of Stellar Structure, Volume II: Applications to Stars (New York: Gordon and Breach, 1968), págs 944-1028).

También debemos tener en cuenta la uniformidad del universo. Esta característica se da gracias al corto tiempo de expansión inflacionaria durante el principio del universo. Una uniformidad mayor habría tenido como consecuencia que ni siquiera se formasen las galaxias; y un carácter menos uniforme hubiera dado lugar a muchos agujeros negros, y entre ellos… únicamente vacío.

La masa del universo juega un papel no menos importante en nuestro principio antrópico. Imaginemos que fuera mayor. En ese caso, se favorecería la combustión nuclear durante el enfriamiento del cosmos, dando lugar a un aumento del deuterio existente; y esto, a su vez, provocaría que las estrellas se quemasen más rápido. Esto es debido a que el deuterio funciona como un gran catalizador en las estrellas. En cambio, si la masa fuera menor la escasez de helio impediría que las estrellas hubieran producido elementos más pesados (necesarios para llegar a la vida).

La distancia media que separa las estrellas en la zona de la galaxia en la que nos encontramos es justamente la que puede posibilitar la formación de un planeta como la Tierra. Si las estrellas estuvieran más alejadas, los elementos pesados provenientes de las supernovas estarían demasiado dispersos como para dar lugar a planetas. Si estuvieran más cercanas, las fuerzas gravitatorias entre ellas tendrían tal magnitud que se desestabilizarían las órbitas de los planetas.

Afortunadamente (o quizás no precisamente gracias a la fortuna, he ahí la cuestión…), la vida del protón es suficientemente larga como para no suponer un problema para el ser humano. Sencillamente, porque cuando un protón se descompone, libera radiación letal.

Llegados a este punto, hemos tratado ya con gran número de constantes físicas. La velocidad de la luz, una de las más conocidas, no iba a ser menos, y también tiene reservada su parte del pastel. Dada su íntima unión y dependencia con las fuerzas fundamentales de la física, bastaría la más mínima variación de su valor para negar cualquier posibilidad de vida en el universo.

Otro concepto que no podemos dejar pasar es el de la fuerza nuclear débil. La cuestión es que si ésta se viera disminuida, los neutrones habrían reducido rápidamente su número, de forma que prácticamente no se habría producido nada de helio durante los primeros segundos tras el Big Bang; y sin helio, careceríamos de suficientes elementos pesados procedentes de las estrellas. Resulta fácil imaginar que hubiera ocurrido si esta fuerza tuviera un valor menor: casi todo el hidrógeno se habría transformado en helio, produciendo tal cantidad de elementos pesados que sería inconcebible la vida en el universo.

             Por su parte, la fuerza nuclear fuerte (que, para los no entendidos en la materia podemos definirla como aquella que mantiene unidas las partículas de los núcleos atómicos), si fuera levemente más fuerte, ocasionaría la escasez de un elemento tal fundamental como el hidrógeno, e incluso de otros elementos esenciales producidos por fisión.      

Sigamos a nivel atómico. Es el turno de la constante electromagnética que liga los electrones a los protones en el interior de los núcleos. Y es que una pequeña variación en su valor haría imposible la formación de moléculas (resulta difícil imaginar un mundo sin moléculas, ¿verdad?). Al aumentar el valor de este parámetro, un átomo no compartiría sus electrones con otros átomos; y al disminuir, provocaríamos que los electrones dejasen de orbitar alrededor de los núcleos.

La relación de masas entre el electrón y el protón también imposibilitaría la formación de moléculas en caso de ser diferente. Un protón es 1836 veces más masivo que un electrón. Y si no fuera así, las moléculas no se formarían.

La carga eléctrica del electrón es 1,602*10^8(-19) C. Si hubiera sido sólo un poco diferente, las estrellas o bien no hubieran podido quemar hidrógeno y helio, o bien no explotarían.

Podríamos seguir enumerando ejemplos casi indefinidamente, pero consideramos que no es oportuno continuar exponiendo hechos que ya poco pueden aportar a la esencia del principio antrópico. Recomendamos vivamente a todo aquél que desee ver una lista más extensa y condensada que recurra a la tabla 14.1 de la página http://espanol.leaderu.com/docs/ciencia/universo.html. Tomaremos una última muestra directamente de Stephen Hawking, en su libro “Historia del tiempo”:

Un ejemplo del uso del principio antrópico débil consiste en "explicar" por qué el big bang ocurrió hace unos diez mil millones de años: se necesita aproximadamente ese tiempo para que se desarrollen seres inteligentes. Como se explicó anteriormente, para llegar a donde estamos tuvo que formarse primero una generación previa de estrellas. Estas estrellas convinieron una parte del hidrógeno y del helio originales en elementos como carbono y oxígeno, a partir de los cuales estamos hechos nosotros. Las estrellas explotaron luego como supernovas, y sus despojos formaron otras estrellas y planetas, entre ellos los de nuestro sistema solar, que tiene alrededor de cinco mil millones de años. Los primeros mil o dos mil millones de años de la existencia de la Tierra fueron demasiado calientes para el desarrollo de cualquier estructura complicada. Los aproximadamente tres mil millones de años restantes han estado dedicados al lento proceso de la evolución biológica, que ha conducido desde los organismos más simples hasta seres que son capaces de medir el tiempo transcurrido desde el big bang.”

Y concluye de este modo su exposición:

“Uno podría sentirse más satisfecho con el principio antrópico, al menos en su versión débil, si se pudiese probar que un buen número de diferentes configuraciones iniciales del universo habrían evolucionado hasta producir un universo como el que observamos. Si éste fuese el caso, un universo que se desarrollase a partir de algún tipo de condiciones iniciales aleatorias debería contener varias regiones que fuesen suaves y uniformes y que fuesen adecuadas para la evolución de vida inteligente. Por el contrario, si el estado inicial del universo tuvo que ser elegido con extremo cuidado para conducir a una situación como la que vemos a nuestro alrededor, sería improbable que el universo contuviese alguna región en la que apareciese la vida. En el modelo del big bang caliente descrito anteriormente, no hubo tiempo suficiente para que el calor fluyese de una región a otra en el universo primitivo. Esto significa que en el estado inicial del universo tendría que haber habido exactamente la misma temperatura en todas partes, para explicar el hecho de que la radiación de fondo de microondas tenga la misma temperatura en todas las direcciones en que miremos. La velocidad de expansión inicial también tendría que haber sido elegida con mucha precisión, para que la velocidad de expansión fuese todavía tan próxima a la velocidad crítica necesaria para evitar colapsar de nuevo. Esto quiere decir que, si el modelo del big bang caliente fuese correcto desde el principio del tiempo, el estado inicial del universo tendría que haber sido elegido verdaderamente con mucho cuidado Sería muy difícil explicar por qué el universo debería haber comenzado justamente de esa manera, excepto si lo consideramos como el acto de un Dios que pretendiese crear seres como nosotros.”

Por su parte, Einstein afirmaba en los últimos días de su vida, que para él la gran pregunta era si el Creador tuvo alternativas cuando creó el mundo o si, una vez que tomó la decisión de crearlo, tuvo que hacerlo exactamente como lo ha hecho, para que la vida humana fuese posible.

Resulta tambien interesante lo que nos comenta Octavio Rico en Aceprensa (http://www.aceprensa.com/art.cgi?articulo=9940) acerca de la opinión de otro científico:

“Steven Weinberg, (…) suele ser citado como uno de los teóricos que ha aceptado el principio antrópico a regañadientes, como una especie de trágica necesidad para explicar el problema más complejo de todos: es –afirmaba en su conferencia, refiriéndose al principio antrópico– "el tipo de materialización histórica que los científicos se han visto obligados a realizar de vez en cuando…". De hecho, en su disertación comparó la situación con la de una persona que, en un torneo de póquer, recibe una escalera real a la primera. "Podría ser casualidad…", dijo Weinberg.

La probabilidad de recibir casualmente una escalera real a la primera es del orden de una entre casi cien millones de jugadas posibles diferentes. De modo que, como dijo Weinberg, "podría ser casualidad"; aunque hay que reconocer que se trataría de una casualidad prácticamente milagrosa.

Los amigos del azar y de las casualidades "necesarias" siempre podrán argüir que esa ínfima probabilidad realmente no es tan pequeña si se tiene en cuenta el gran número de galaxias que se estima existen en el universo observable (unos cien mil millones, o sea, tantas galaxias como estrellas se calcula que hay en la Vía Láctea). Pero no es extraño que, en vista de lo improbable que es recibir esa baza de primeras, se hayan de barajar otras posibilidades. A una de ellas se refería Weinberg durante su intervención en dicha conferencia.

En efecto, Weinberg añadió: "Pero hay otra explicación: Vamos a ver, ¿no será que el organizador del torneo es amigo nuestro? Pero eso nos lleva al argumento de la religión".”

Aquí tenemos los hechos, que el lector decida cuáles le parecen las conclusiones más razonables. ¿Todo este orden es fruto de una serie de extraordinarias casualidades, o será que existe una inteligencia superior que lo ha dispuesto todo de manera que pueda haber vida inteligente?

 

Enlaces:

http://espanol.leaderu.com/docs/ciencia/universo.html

http://www.aceprensa.com/art.cgi?articulo=9940

http://www.espinoso.org/biblioteca/principioantropico.htm

http://www.apologeticspress.org/espanol/articulos/392

http://www.agea.org.es/content/view/99/41/

http://www.fluvium.org/textos/cultura/cul71.htm

http://www.inaoep.mx/~rincon/carbono.html

http://www.aceprensa.com/art.cgi?articulo=5186

http://www.astrocosmo.cl/h-foton/h-foton-16_04-01.htm

http://www.menteabierta.org/html/articulos/ar_existedios.htm

http://www.filosofia-internet.net/portal/modules.php?name=News&file=article&sid=84

http://personales.ya.com/casanchi/ast/cosmos1.htm

 

 

 

 

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